Un enterramiento de 4600 años de una persona de «tercer género»: lo que se sabe y lo que sigue en disputa
Un enterramiento antiguo descubierto en Praga en el que un hombre fue sepultado según un rito funerario femenino.
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En 2011, arqueólogos checos descubrieron en Praga un enterramiento inusual. La prensa lo presentó como «el entierro más antiguo de una persona de tercer género».
El hallazgo fue datado en el Eneolítico, aproximadamente entre los años 2800 y 2500 antes de nuestra era.
El esqueleto pertenecía a un hombre, pero el rito funerario fue considerado atípico para esa tradición. En la cultura a la que se atribuyó la tumba, se seguían por lo general reglas estrictas: los hombres eran enterrados sobre el lado derecho y las mujeres sobre el izquierdo. También diferían la orientación del cuerpo y la posición de la cabeza.
En el enterramiento de Praga, el hombre había sido colocado según la variante «femenina». A su alrededor se encontraron objetos que aparecen con mayor frecuencia en tumbas de mujeres. Sobre esta base, los investigadores plantearon la hipótesis de que el difunto podía haber ocupado una posición especial en la comunidad, por ejemplo, pertenecer a personas cuyo rol social de género no coincidía con las expectativas habituales.
Los principales medios checos presentaron el hallazgo como prueba de la existencia de un «tercer género» en la sociedad prehistórica. Una parte de los arqueólogos no estuvo de acuerdo con esa interpretación.
Datación y contexto cultural
El Eneolítico, o Edad del Cobre, es un periodo de transición entre el Neolítico y la Edad del Bronce. El cobre ya se utilizaba ampliamente, pero el bronce aún no se había convertido en el material habitual para herramientas y armas. El enterramiento de Praga se adscribe a este periodo y a la cultura de la cerámica cordada.
Una cultura arqueológica no es un pueblo ni un Estado: es un término convencional. Los arqueólogos lo emplean para agrupar vestigios del pasado en función de semejanzas en los objetos, las tecnologías y las normas funerarias.
La cultura de la cerámica cordada debe su nombre a la decoración de sus vasijas. Se presionaba una cuerda sobre la arcilla aún húmeda, dejando en la superficie impresiones semejantes a un cordón trenzado. El área de distribución de esta cultura era amplia: desde el norte y el centro de Europa hasta los territorios comprendidos entre el Rin y el Volga.
Esta tradición se caracteriza por unas prácticas funerarias estables. En general, se repetía un mismo conjunto de rasgos: la posición del cuerpo, la orientación de la cabeza y la composición de los objetos depositados en la tumba. En los enterramientos de la cultura de la cerámica cordada suelen apreciarse diferencias entre las tumbas masculinas y las femeninas. Los hombres aparecen habitualmente sobre el lado derecho, con la cabeza orientada al este. Las mujeres, sobre el lado izquierdo, con la cabeza orientada al oeste.
Cómo era el enterramiento
La tumba fue hallada en la calle Terronská, en el distrito de Praga 6. En ella yacía una persona adulta. A partir de los huesos se determinó que era un hombre: en arqueología, el sexo se establece con mayor frecuencia a partir de la morfología de la pelvis y de un conjunto de rasgos del cráneo.
El esqueleto yacía sobre el lado izquierdo, con la cabeza orientada al oeste. Los investigadores clasificaron esta combinación de rasgos como la variante «femenina» del rito. Junto a los pies había un recipiente ovalado, de forma ovoide, un tipo de cerámica asociado con mayor frecuencia a los enterramientos femeninos.
Además, en la tumba no se hallaron objetos que normalmente acompañan los enterramientos masculinos: ni armas, ni hachas de combate de piedra, ni cuchillos de sílex, ni otros elementos similares.
Fue precisamente esta combinación —un esqueleto masculino junto con rasgos rituales interpretados como femeninos— la que dio lugar a la fórmula del «tercer género».

Los argumentos a favor de la hipótesis del «tercer género»
En 2011, la directora del grupo de investigación, Kamila Remišová Věšínová, formuló en una rueda de prensa el argumento principal de los defensores de esta versión. En sociedades con un ritual funerario estrictamente regulado, semejantes «errores» no suelen producirse. Por ello, la combinación de un esqueleto masculino con marcadores rituales «femeninos» puede interpretarse no como una casualidad, sino como una decisión consciente de quienes realizaron el entierro.
De esta lógica se extrae la siguiente conclusión: si la persona era biológicamente un hombre pero fue enterrada según el rito «femenino», pudo haber ocupado en el plano social una posición intermedia, «ni masculina ni femenina».
La arqueóloga Kateřina Semrádová se expresó de forma aún más directa en una entrevista con Czech Position. En sus palabras, podría tratarse de uno de los casos más tempranos de lo que puede describirse como «el enterramiento de una persona transexual» o «de tercer género» en tierras checas.
Para esta interpretación existen paralelos etnográficos. En la literatura más antigua se encuentra, por ejemplo, el término berdache. Con él se designaba a personas de determinadas sociedades indígenas de América del Norte que desempeñaban funciones sociales y rituales especiales y no encajaban en el esquema «hombre/mujer».
Por qué eso no basta como prueba
Aun con tales paralelos, el método tiene limitaciones claras. La posición del cuerpo, la orientación del enterramiento y el conjunto de objetos funerarios no son marcadores de autoidentificación moderna. La arqueología registra ante todo cómo los vivos representaron al difunto a través del ritual. De modo que, incluso si la comunidad codificó realmente a esta persona como alguien que no encajaba en la norma binaria, sigue sin estar claro qué significaba exactamente esa señal: un rol social, un estatus particular, rasgos corporales, una biografía, una función ritual u otra cosa. El investigador percibe un signo, pero no puede atribuirle automáticamente un significado moderno.
Los roles de género en las sociedades prehistóricas resultan, en general, difíciles de reconstruir. Las fuentes son escasas y rara vez permiten restablecer con certeza cómo se distribuían los roles y los estatus. Una sola «anomalía» no basta para trasladar automáticamente las observaciones arqueológicas a la categoría de «transgénero» en su sentido actual.
Parte de los arqueólogos checos subraya además otra limitación. Ni siquiera las normas funerarias estrictas funcionaban necesariamente como una regla sin excepciones. Dentro de una misma cultura se daban variaciones, y el material comparativo de otro enterramiento —en Ruzyně— muestra que las «reglas» podían mezclarse. Allí, en una tumba masculina se encontró una taza de tipo «femenino».
Con Ruzyně se relaciona otro argumento más. Junto al hombre había un niño, y algunos investigadores admiten que en la tumba de la calle Terronská también pudo haber otro individuo —un niño cuyo esqueleto no se conservó—. En ese caso, los objetos «femeninos» podrían haber pertenecido a ese segundo ocupante.
Otra línea de debate concierne al estado de conservación de la propia tumba. Los escépticos consideran que la cerámica pudo haber acabado en el relleno de la fosa en una posición distinta de la original: pudo haberse desplazado de forma secundaria. Las partes superiores del enterramiento pudieron haber sido destruidas y el terreno, alterado.
En excavaciones de salvamento urbano, esto es una situación habitual. El terreno suele estar dañado por la construcción, las canalizaciones y otras intervenciones posteriores. Ese tipo de explicación puede aplicarse a los objetos, pero no resuelve la cuestión de la posición y la orientación del esqueleto adulto.
Existe también otro enfoque. La postura y la orientación pudieron depender de una costumbre local dentro de la región, de una decisión puntual de la comunidad o de un intento de resaltar un estatus o la pertenencia a un determinado grupo. A veces, las circunstancias de la muerte podían influir en el ritual y alterar el esquema funerario habitual.
A ello se suman los factores relacionados con la edad y los roles, así como el cruce de distintas categorías. Las revisiones actuales en arqueología de género recuerdan que el esquema simple «masculino/femenino» describe mal, por ejemplo, los enterramientos infantiles y los de personas ancianas. Tampoco tiene en cuenta que los roles sociales de un individuo podían cambiar a lo largo de la vida.
Científicos checos han señalado, además, otro problema: la carrera por la primicia sensacionalista perjudica la reputación de la arqueología. El público recuerda la versión llamativa, no las hipótesis y las limitaciones metodológicas en las que insiste la ciencia.
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El enterramiento de Praga realmente se distingue, y ya solo por eso es importante. Como mínimo, este hallazgo muestra que el ritual registraba no solo la norma, sino también las excepciones: la comunidad advertía las diferencias y a veces las señalaba en las prácticas funerarias.
Este hallazgo puede incluirse en la historia LGBT, pero solo con reservas. Es más correcto considerarlo como un posible vestigio de una antigua alteridad de género y de inconformismo en los roles sociales. Su valor reside en otra cosa: nos recuerda que la diversidad humana no surgió en el siglo XX o XXI, sino que existía desde mucho antes, incluidos los tiempos prehistóricos.
Bibliografía y fuentes
- Výbor SAS. Stretnutie slovenských archeológov a Výročná členská schôdza SAS. (Informátor). 2011.
- Gaydarska B., Rebay-Salisbury K., Ramírez Valiente P., et al. To Gender or not To Gender? Exploring Gender Variations through Time and Space. (European Journal of Archaeology). 2023.
- Petriščáková K., Šmolíková M. Pohřby kultury se šňůrovou keramikou z Prahy-Ruzyně. (Praehistorica). 2019.
- Mikešová Puhačová V. Archeologie a veřejnost – vztah vědního oboru a laické veřejnosti. 2012.
🦴 Historia LGBT prehistórica
- Homosexuality Among Neanderthals
- A Prehistoric Double Phallus From the Enfer Gorge
- The First Homoerotic Image in History — The Addaura Cave Rock Engravings
- A Homosexual Scene in Norway’s Prehistoric Art: The Bardal Petroglyphs
- A 4,600-Year-Old Burial of a “Third-Gender” Person: What We Know and What Is Disputed